
Si das pescado a un hombre hambriento lo nutres durante una jornada.
Si le enseñas a pescar, le nutrirás toda su vida.
(Lao Tsé)
No cabe duda que el gesto de dar al necesitado, en principio no es criticable, lo verdaderamente criticable es que haya un necesitado, y sobre esto la sociedad debiera recapacitar y ser consciente de que si hay necesidad en unos es porque otros disfrutan de excesivos bienes. La riqueza humana, que es grande, debiera estar mejor repartida, y una de las cosas principales que contiene la riqueza en general es el trabajo. El trabajo dignifica al hombre, y el trabajo, que ya de por sí es digno, debe contemplar la remuneración digna, pues de otra manera se convierte en esclavitud si significa fuente de riqueza para otros.
Es cierto también que por diversas circunstancias nacen hombre incapacitados de por sí para el trabajo, de ahí que la sociedad debe contemplar estas circunstancias y no ser motivo ese impedimento para crear pobreza. Nadie debe estar alejado de la obligación del trabajo, que éste sea digno y bien remunerado, es esencial, y si no se puede llegar a él, en especial por edad o salud, a nadie debe faltar un mínimo universal para que su vida se interprete como digna. De la misma manera que todo ser humano ha de entender que el trabajo a realizar lo debe hacer con esmero, justicia y respeto hacia los demás, pues huir de esta obligación, sería tan injusto como que unos vivan a costa de los otros.
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