
“Si la envidia fuera tiña, muchos tiñosos habría” (viejo refrán español.
Ibn Hazam (994-1064) en su “Risala apologética”, escribe lo siguiente: “Nadie es profeta en su patria. Esto es particularmente cierto en España. Sus habitantes tienen envidia al sabio que entre ellos surge y alcanza maestría en su arte; tienen en poco lo mucho que puede hacer, rebajan sus aciertos y se ensañan, en cambio, en sus caídas y tropiezos, sobre todo mientras vive, y con doble animosidad que en cualquier otro país… Si la suerte le lleva luego por el camino de descollar claramente sobre sus émulos, entonces se le declara la guerra al desgraciado, convertido en pasto de murmuraciones, cebo de calumnias, imán de censuras, presa de lenguas y blanco de ataques contra su honor.”
Verdaderamente es un relato como si se hubiese escrito recientemente y sobre una persona: Pedro Sánchez, pero se escribió hace casi mil años, diez siglos, casi nada… y en España todo sigue igual, o peor. Y es claro que al mismo tiempo que Sánchez desprende admiración, desprende envidias, celos, y odio. Pero él, creo, se hace dueño de otro refrán también español, aquel que sentencia: “Vale más ser envidiado que envidioso”.
¿Por qué envidia? En el caso actual del líder de los conservadores, señor Feijóo, la envidia le llega de la frustración, y también de la solapada admiración que no quiere reconocer, porque admira, le fascina y embelesa, el arte y oficio de Sánchez de hablar con casi toda la oposición y que todos le hagan caso y prefieran
“¿Por qué yo no?”, puede que se pregunte el pelusero Feijóo, y es tan sencilla la respuesta que si no la entiende queda claro que es persona muy zoquete, porque la tiene ante sus narices, que no es otra por su matrimonio político con el neo fascismo de Abascal.
Que en el caso de la inmigración haya que hacerlo mejor, no lo puedo poner en duda, en esta vida todo es mejorable, pero que España necesita hombres y mujeres de otros lugares que vengan aquí a trabajar, a formar parte de nuestra sociedad e intentar por nuestra parte que se vayan incorporando a nuestra cultura, es necesario, y basta ya de calumnias y bulos de que todo inmigrante es un delincuente. España ha sido, y aún es, país de emigrantes, y no por eso les hace ser delincuentes. Y ese error monumental, y otros muchos, que al abrazarse a Vox el PP y Feijóo se abrazan a ellos, es el obstáculo principal de la frustración y los celos y envidas correspondientes.
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