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Brasil llora hoy la muerte de Sócrates, uno de los futbolistas más queridos del gigantesco país sudamericano y a menudo olvidado en esas listas de grandes que nos gusta hacer a todos. El alcohol se lo ha llevado antes de tiempo y el oportunismo me manda que escriba un artículo sobre él, uno de esos “olvidados” del fútbol a los que tengo reservados un puesto especial, junto a Rivelino o Garrincha.

El de los pies pequeños

Sócrates es uno de los grandes ídolos de la afición del Corinthians, hoy envuelta en la tristeza por verlo partir. El “Doutor”, como se le conocía en Brasil, fue uno de los mediocentros más completos de aquellos años 80 en los que Maradona logró eclipsar a todos los demás. La manera de leer los partidos, su liderazgo, y una técnica exquisita caracterizaban a este futbolista atípico, que había estudiado Medicina y que se había envuelto en política.

Fue el capitán de aquella selección brasileña de 1982 que ha quedado en la memoria como uno de los equipos que mejor fútbol han practicado en la historia, a pesar de que no tuvo la suerte de cara en el campeonato. Sócrates, con un 37 de talla de pie y 1,92 metros de altura, dominaba a la perfección el pase de tacón, milimétrico como pocos se habían visto y se verían, y tenía un potentísimo chut que le dio varios goles a lo largo de su carrera.

Probó la aventura europea, en 1984, en la Fiorentina, pero no le fue bien y volvió a Brasil, al Flamengo, para después jugar en Santos y Botafogo. Le faltó el Mundial, dado que en 1986, en el que también participó, no consiguió el título. Cosa que sí consiguió su hermano, 9 años menor que él y uno de los mejores jugadores durante los 90: Raí.

El “jogo bonito”

Esa selección maravillosa, con jugadores de la talla de Falcao (no confundir con cierto delantero colchonero), Careca o Cerezo y liderada por el legendario Zico, tuvo la mala suerte de cruzarse primero con la siempre peligrosa Italia (que a la postre ganaría el Mundial) y en el 86 con la gran Francia de Platini, para muchos el mejor jugador francés de la historia. Pero el recuerdo de buen fútbol que dejó, que retornó a los mayores de la época al fútbol del Brasil del 70, y que a los más jóvenes les hizo ver por una vez la belleza de un deporte cada vez más físico, valió la pena.

Hoy el mundo del fútbol llora a una leyenda que solo los que lo vieron recordaban, ensombrecida por los que quedaron en el Olimpo del deporte. Sirva este artículo para recordarle, descanse en paz.