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Almería en corto está en peligro. En peligro de muerte. Ésta ha sido la triste noticia con la que me he levantado hoy. Almería en corto herido de muerte. ¿El problema? El de siempre: la crisis, el dinero, la falta de liquidez. ¡Y una mierda! El problema es nuestra casta política que es posiblemente la peor sobre la faz de la Tierra.

Almeria en corto gala

España es un país cuya clase política es deleznable, Andalucía albergue, posiblemente, lo peor de esa casta, pero es que ya Almería es el rizo sobre el rizo. No ha habido un solo político en Almería, sea de las siglas que sea, que haya hecho algo útil por la ciudad en los últimos 20 años.

El problema no es la herida que le infringe la crisis al Festival. La herida se podría curar, la hemorragia se podría parar, quizá hubiese un tiempo de convalecencia, pero se podría seguir. El problema es que por cirujanos tenemos a unos carniceros que son incapaces de distinguir un bisturí de un serrucho. Que vergüenza, que vergüenza siento hoy como almeriense.

No se crean ustedes que estamos hablando de 7 millones de euros que faltan, o de 3, ni de 1… Estamos hablando de una cifra entre los 80.000 y los 100.000 euros. Por poner a Almería en el panorama internacional, por recuperar un poco de nuestro prestigio perdido, que tuvo que venir un madrileño, Oscar de Julián director del Festival, a ponernos de nuevo en el mapa internacional de la cinematografía.

Oscar de Julian doppleganger almeria en corto

Durante diez años este Festival no ha hecho más que crecer y ha traído a nuestra ciudad a personalidad como Elli Wallach, Faye Dunaway, Claudia Cardinale o Geraldine Chaplin entre otras, personalidades que estuvieron una vez en nuestra tierra, cuando éramos tierra de cine, antes de echar por la borda todo nuestro potencial, y que hacía décadas que no nos visitaban. Nos habíamos convertido en una referencia tanto nacional como internacional, durante una semana desde aquí se podían ver los mejores cortometrajes del mundo, las mejores muestras de talento.

Y me levanto y descubro que todo eso puede desaparecer en breve. Alguno pensará que si no hay dinero, no hay dinero… No, si no hay voluntad, no hay voluntad. ¿Acaso no se pueden buscar nuevos patrocinios? ¿De verdad es imposible juntar 20, 30 o 50 empresas que reúnan 100.000 euros y como contrapartida tengan su nombre impreso en unos de los Festivales nacionales con más presencia internacional? ¿No se puede subir un poco el precio de las entradas? ¿Ahorrar en la impresión de los libros? Por el amor de Dios, se me ocurren mil formas de intentar evitar que el Festival no vuelva a echar a andar. Si se intentase todas y no fuese posible me resignaría, pero ¿bajar los brazos antes siquiera de intentarlo? Que cobardes, que vergüenza, que asco dais.

Claro que se puede, pero volvemos al problema de fondo, que no es del Festival sino de nuestra clase política, con menos cintura que un tractor incapaz de adaptarse a las circunstancias, incompetente en la búsqueda de soluciones, una pandilla de incapaces, un hatajo de inútiles. El Festival no se ha herido, lo han herido, el Festival no se muere, lo están matando. Y lo están matando esta pandilla de hijos de puta.

Hoy solo puedo sentir asco y pena.

¡Larga vida a Almería en corto!